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domingo, 19 de octubre de 2014

HACIA UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA LOCURA: DE FANON A GUATTARI IDA Y VUELTA.- Carlos Bustamante

Hacia una teoría crítica de la locura: de Fanon a Guattari ida y vuelta.



Carlos A. Bustamante
4 de octubre de 2014.


            Una teoría crítica bien podría ser el intento por cumplir el programa trazado por Marx en la línea de una carta: “La autoclarificación de las luchas y anhelos de la época”.[1] Ese programa compacto fue desglosado en su momento por autores como Karel Korsch, el Gyorgy Lukács de Historia y conciencia de clase y, sobre todo, Max Horkheimer. Para este último, una teoría crítica tendría que formar parte de las luchas de un presente –en su caso, los años veinte y treinta del siglo pasado- que se esforzaba por esclarecer las características de la sociedad capitalista, y en especial las condiciones bajo las cuales la teoría misma era producida. Frente a los afanes cientificistas que entendían a la teoría como una suerte de mera constatación del orden de las cosas tal y como ellas son dadas al investigador, Horkheimer señala que “lo que está dado en cada caso no depende únicamente de la naturaleza, sino también del poder que tenga el hombre sobre ella. Los objetos y el tipo de percepción, el planteamiento de los problemas y el sentido de las respuestas ponen de manifiesto la actividad humana y el grado de su poder”[2].

            La nota de Horkheimer alerta respecto a una condición que no debe perderse de vista: una teoría cualquiera resulta en buena medida de las condiciones sociales e históricas en las que ella misma ve la luz. Para el caso que aquí interesa, tendría que pensarse en la locura como un tipo de objeto que no está sencillamente dado ante los investigadores por la naturaleza, lo que sea que eso signifique. Ella resulta también, al menos en parte, de esas condiciones sociales e históricas que determinan a cualquier cosa que se estudie. Pero más todavía: hay que tener presente que lo que pensamos de la locura es también un producto de ciertas circunstancias sobre las cuales no debe dejarse de arrojar luz, en vistas de la emancipación que habría que buscar frente a lo que oprime y excluye en un momento dado –por ejemplo, el nuestro.

            Así, una teoría crítica de la locura podría comenzar por echar mano de autores que han tomado en cuenta la relación entre locura y sociedad, en algún sentido complejo de dicha relación. El martiniqués Frantz Fanon[3] o el francés Félix Guattari[4] pueden ser autores de esa clase. En ambos casos las condiciones sociales de un presente determinado –la guerra de Argelia o el París de los años sesenta- son lo que obliga a replantear el tema del papel de la psiquiatría frente al conflicto o la crisis que acompañan a los movimientos que se pretenden revolucionarios. Y en ambos casos también se mantiene la alerta respecto a la manera en que la teoría puede limitarse a perpetuar condiciones de opresión y exclusión sin más, o bien por el modo en que ella puede contribuir a los procesos transformadores que apuntarían hacia posibilidades no existentes aún pero que podrían emancipar a los seres humanos respecto a los límites de lo insoportable.
            Pero entre Fanon y Guattari hay algo más: la obra del primero pudo influir en el pensamiento del segundo, y eso habría permitido a Guattari internarse en dominios que van más allá de lo que Fanon pudo imaginar en su momento. Sin embargo, tal vez Guattari                –cercano, como se sabe, a Deleuze y al postestructuralismo en general- requiera por su parte ser leído a la luz de las intenciones originales de Fanon para evitar un riesgo con el que frecuentemente se topa el discurso actual de cierta filosofía al tratar con la locura: el riesgo de una romantización que haga de aquélla un objeto deseable para quienes se asumen como “marginales” respecto a la sociedad, sin que ello afecte en lo más mínimo las condiciones sociales percibidas como opresivas y excluyentes.
            Ese riesgo puede aclararse con ayuda de una obra imprescindible: la Historia de la locura en la época clásica de Michel Foucault. Ahí se establece que la modernidad inicial  –la de la época del renacimiento europeo- asume ante el hecho de la locura dos actitudes principales: lo que Foucault llama “experiencia cósmica” y “experiencia crítica”. Esta última se ejemplifica con la actitud de Erasmo de Rotterdam y escritores parecidos, que ante las desmedidas pretensiones de la razón humana oponen –siguiendo la tradición cristiana y paulina- “la locura de Dios, más sabia que la sabiduría de los hombres”. Así, la locura es para Erasmo y quienes se le parecen un límite que permite colocar en su justa dimensión la condición humana y sus alcances. El humanismo cristiano de Erasmo y demás es un hito en la historia del pensamiento que desconfía de sus propios alcances y que intenta situarse sensatamente frente a sí mismo. Pero, por su parte, la “experiencia cósmica” de la locura supone más bien que en el fondo de la realidad se agita el sinsentido, y que la razón es meramente algo como una precaria cobertura para el caos que no deja de golpear desde abajo y desde todos lados. Esa perspectiva anuncia, para la historia de la filosofía, la noción de “voluntad” en Schopenhauer o la “metafísica de artista” del primer Nietzsche, según la cual lo trágico y dionisiaco, y ajeno a la razón, se agita en el fondo de todos nosotros  –acercándonos peligrosamente a la locura fundamental del universo mismo.[5]

            Yendo más allá del propio Foucault, cabe preguntarse si esa cierta fascinación renacentista por la locura como “experiencia cósmica” se ha prolongado justamente en actitudes que encomian la locura como un estado en el cual es posible conectarse con las regiones más profundas del ser. Uno de los problemas de esta perspectiva, el que más importa aquí, es que esa conexión puede convertirse casi inmediatamente en una desconexión respecto a las condiciones históricas y sociales que inciden en la locura misma. Desde una perspectiva más amplia, el “loco transgresor” que experimenta la profundidad de todas las cosas termina por convertirse en un “loco inofensivo”, capaz de desempeñar el papel de marginal justamente al interior del sistema respecto al cual pretende colocarse al margen.

            Ante semejante riesgo, pensadores como Fanon o Guattari destacan precisamente por no dejar de atender a lo que la sociedad y la historia hacen con la locura. Nada de romántico hay, por ejemplo, en Los condenados de la tierra de Fanon. El capítulo “Guerra colonial y trastornos mentales” consiste en una relación de casos que el psiquiatra Fanon pudo atender en Argelia durante la guerra contra el dominio francés. Para todos ellos, nuestro autor teje explicaciones que encuentran un denominador común justamente en la violencia desatada, pero también y sobre todo en la propia situación colonial. Frente a la psiquiatría algo más clásica, Fanon encuentra en la guerra colonial misma el factor que desata las psicosis reaccionales que conducen a los pacientes ante él: “(..) aquí es la guerra, esa guerra colonial que con mucha frecuencia se manifiesta como un auténtico genocidio, esta guerra que trastorna y quiebra al  mundo, la que constituye el acontecimiento motivador. Psicosis reaccional, si quiere utilizarse una etiqueta ya establecida, pero dándole aquí una prioridad singular a la guerra concebida en su totalidad y en sus peculiaridades(…)”[6]. De hecho, para Fanon es el colonialismo entero el que provoca la locura latente que termina manifestándose en las psicosis: “Como es la negación sistemática del otro, una decisión furiosa de privar al otro de todo atributo de humanidad, el colonialismo empuja al pueblo dominado a plantearse constantemente la pregunta ‘¿Quién soy en realidad?’”. [7]

            No es entonces una fuerza misteriosa y “natural” la que suscita el estallido de las psicosis reaccionales. La sociedad colonial, su violencia cotidiana, es el elemento larvado que con el estallido de la guerra da lugar a trastornos manifiestos. Una lección similar es aprendida por Guattari, a través del contacto con la vanguardia psiquiátrica de la Francia de los años cincuenta y sesenta, pero también a través de la militancia en la “oposición de izquierda” que enfrentaba al estalinismo de la época[8]. Llegado el momento, Guattari aplicaría las herramientas de esta variante crítica de la psiquiatría a la comprensión del fenómeno del 68: “Hay allí, fenomenológicamente, una característica del surgimiento revolucionario: aparece algo que la víspera era completamente impensable; la imaginación está liberada, aspira a tomar el poder. ¿Era un delirio?”[9]. La última pregunta es la que remite al tema de la locura, o por lo menos al de los estallidos psicóticos –o lo que una psiquiatría algo más tradicional consideraría tales. En términos más o menos freudianos, la revuelta de los estudiantes ostentaría tal vez el aspecto de un “retorno de lo reprimido”, específicamente de lo reprimido de antes de la revolución bolchevique –por los síntomas “anarquistas” y “espontaneístas” que los jóvenes de aquel entonces parecían exhibir. Pero Guattari, a diferencia de la ortodoxia estalinista, encontraría algo bastante interesante y esperanzador en ese Mayo parisino: “¿(…) no es el síntoma de que los medios de defensa secretados por el conjunto de la sociedad no están ya en condiciones de responder a sus pulsiones profundas?”[10].

            Así, como Fanon, Guattari relaciona los síntomas inmediatamente con las condiciones sociales de un lugar y un tiempo determinados. Eso le permite encontrar más tarde –en El Anti – Edipo, escrito a dúo con Gilles Deleuze[11]- la manera de entender la psicosis individual en términos del campo social, mediación imprescindible para cualquier tipo de fuerza presuntamente “natural” que aflorara en la superficie y provocara la ruptura que hace de alguien un “loco”. Y así también es como Guattari se aleja de la concepción romantizada que hace del loco alguien capaz de conectarse con las fuerzas más profundas de la realidad, pero que en los hechos convierte a los presuntos trastornados –y también a los que se regodean en serlo- en falsos “transgresores” de un orden social, al cual dejan básicamente intacto. Mayo del 68 es una suerte de psicosis reaccional colectiva, pero es mucho más que eso: es la constatación de que una sociedad dada ha topado con los límites de la represión que es capaz de ejercer, y tal vez eso mismo anuncie que la revolución está a la vuelta… siempre y cuando el orden de lo dado no encuentre la manera de diferirla una vez más.

            Un Guattari más maduro hará más tarde, ya en la década del ochenta, una recapitulación de su propio trayecto y del momento de la obra conjunta con Deleuze: “La concepción de deseo en el campo social que Gilles Deleuze y yo intentamos desarrollar, tiende a cuestionar la idea de que el deseo y la subjetividad estarían centrados en los individuos y resultarían de la interacción de hechos individuales en el plano colectivo. Partimos de la idea de una economía colectiva, de agenciamientos colectivos de deseo y de subjetividad que en algunas circunstancias, en algunos contextos sociales, pueden individualizarse”[12]. De este modo, la “micropolítica” propuesta por Deleuze y Guattari se ofrece como una crítica a la idea de que el ámbito de lo psíquico es cualquier tipo de instancia primigenia que se enfrenta a un contexto, y también a la idea de que la locura puede explicarse como resultado de un desajuste entre lo personal y lo social. Esta perspectiva puede dar lugar a concepciones muy poderosas, que seguramente indicarían que la locura y sus síntomas bien podrían dar cuenta de que un cierto orden en la economía del deseo se encuentra en condiciones de ser destruido y dar lugar a nuevas circunstancias, potencialmente libertarias respecto a lo dado. Pero también es justamente esto lo que marca para nosotros la necesidad de regresar a alguien como Fanon.

            Deleuze y Guattari utilizan en El Anti – Edipo el término “deseo” como nombre de una categoría bastante ambivalente. Por una parte ella alude a algo que precede a la represión y que, por tanto, no tiene que ver con la carencia de algo –permitiendo así hablar en términos que trascienden la tendencia freudiana a ver como patológica cualquier manifestación que transgreda el orden de lo dado. Pero el “deseo” del que se habla en El Anti – Edipo  también se acerca bastante a lo que antes se había descrito como fuerzas originarias de la realidad, algo  parecido a lo dionisiaco en Nietzsche y por tanto susceptible de propiciar una actitud favorable hacia lo que Foucault habría llamado “experiencia cósmica” de la locura. ¿Cuál es el problema con esto?

            Que la locura corre así el riesgo de convertirse en objeto de pura afirmación, y de  entenderse como algo deseable en la medida en que expresaría flujos de deseo liberados, tal vez en la forma de “líneas de fuga” -como dirían Deleuze y Guattari ya en Mil mesetas[13]. Los inconvenientes aparecen cuando de este modo se llega a mistificar la fuga por ella misma, y de este modo se pasa de largo por los aspectos negativos de la existencia humana en general y de la locura en particular. Frantz Fanon, el psiquiatra anticolonial preocupado por los seres humanos, se convierte aquí en un correctivo necesario: la locura brota, para él, como psicosis reaccional de una vida que se derrumba ante condiciones que oprimen y excluyen. No conviene engolosinarse con la locura cuando lo que ella expresa ciertamente podría ser el deseo tratando de escapar, pero a costa de sufrimientos que nadie merece vivir. A pesar de la fascinación de Deleuze por lo afirmativo –contagiada tal vez a Guattari en la teoría de las “líneas de fuga”- habrá que tomar en cuenta lo negativo de la locura, eso que destruye  -aunque sea en nombre de la afirmación de la vida-  a quienes tienen que ver de frente el horror de la guerra o el horror algo más difuso y cotidiano de una sociedad que no deja que los seres humanos puedan respirar.


Notas:


[1] Karl Marx en una carta a A. Ruge de septiembre de 1843, citado por Nancy Fraser en “¿Qué tiene de crítica la teoría crítica? Habermas y la cuestión del género”, en Seyla Benhabib y Drucilla Cornell (eds)., Teoría feminista y teoría crítica. Ensayos sobre la política de género en las sociedades de capitalismo tardío, ed. Alfons el Magnànim, Valencia, 1990, p. 49.
[2] Horkheimer, “Apéndice” a Teoría tradicional y teoría crítica, ed. Paidós, Barcelona, 2000, pp. 79 – 80. Cfr. también la introducción de Jacobo Muñoz a la misma obra, pp. 9 ss.
[3] Frantz Fanon (1925 – 1961) fue un psiquiatra y filósofo de raza negra, nacido en el dominio francés de Martinica. Participó  como soldado francés en la segunda guerra mundial, y como médico en las Fuerzas de Liberación Nacional durante la guerra de Argelia. Es considerado como el gran precursor de los actuales estudios sobre la condición poscolonial.
[4] Félix Guattari (1930 – 1992) fue un militante comunista “de izquierda”, filósofo y psicoanalista francés. En lengua castellana es conocido sobre todo por su trabajo conjunto con Gilles Deleuze. Sin embargo, actualmente hay una tendencia a prestar más atención a su propio pensamiento independiente.
[5] Cfr. Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, vol. I, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1986, pp. 13 ss.
[6] Fanon, Los condenados de la tierra, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1986, pp. 230 – 231.
[7] Fanon, op. cit.,  p. 228.
[8] Cfr. al respecto los capítulos I al III de la primera parte de François Dosse, Gilles Deleuze y Félix Guattari. Biografía cruzada, ed. Fondo de Cultura Económica, México,  2009, pp. 35 ss.
[9] Guattari, “El estudiante, el loco y el katangueño”, en Psicoanálisis y transversalidad, ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1976,  p. 267.
[10] Guattari, op. cit., p. 267.
[11] Cfr. Deleuze y Guattari, El Anti – Edipo, ed. Paidós, Barcelona, 1985. Ver especialmente cap. 1, pp. 11 ss.
[12] Guattari y Suely Rolnik, Micropolíticas. Cartografías del deseo, ed. Traficantes de sueños, Madrid, 2006, p. 274.
[13] Cfr. Deleuze y Guattari, Mil mesetas, ed. Pre – Textos, Valencia, 2004. Ver especialmente cap. 9, pp. 213 ss.




Acerca del autor: 

Licenciado en Filosofía por la Facultad de Filosofía "Samuel Ramos Magaña" de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Cursó la Maestría en Filosofía de la Cultura en la misma institución. Ha ejercido la docencia en diversas preparatorias de la ciudad de Morelia, así como en la Facultad de Filosofía. Es autor de diversos artículos en revistas y obras colectivas. Sus intereses tienen que ver con la crítica, la filosofía del lenguaje y la filosofía de la educación.




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martes, 30 de septiembre de 2014

DISTOPÍAS DE UN MORELOS ENTRE EL VICIO Y LA VIRTUD; ENTRE EL LIBERTARISMO Y EL LIBERALISMO - JAVIER CARBAJAL NÚÑEZ


Distopías de un Morelos entre el Vicio y la Virtud; entre el Libertarismo y el Liberalismo. 

(Ensayo ganador del 1º Lugar en el Concurso de Ensayo Estatal del Congreso Bicentenario de los Sentimientos de la Nación)


José María es tu nombre,
Oriundo de Valladolid,
Soñador de un Mejor Mundo,
Ejemplo de un gran hombre.

Morelia por ti se llamó, la
Antigua Valladolid;
República y Patria nos diste,
Independencia y Constitución,
Admirable general.

Morelos, Nicolaita
Orgullo de la Nación,
Recibe la admiración
En este bicentenario,
Lealtad y gratitud a tu
Olímpico regalo, tus
Sentimientos de la Nación.

(María Guadalupe Calderón Corona[1])

Javier Carbajal Núñez

Sienta usted, dama o caballero, cómo bombea sangre su corazón hacia todo el cuerpo cuando la batalla entre la vida y la muerte asecha. Cuando la libertad y la opresión se tienden a duelo forcejeando el porvenir de una nación. Y es que hubo una vez un hombre en estas tierras que cualquier leyenda que se parara a su lado tendría que alzar el cuello y las puntas de los pies para aspirar a alcanzar sus hombros, pero no grande por superioridad ególatra, sino por humildad, visión y fuerza dirigida al cambio, la libertad y la independencia.

Aquél que dijo: “morir es nada, cuando por la patria se muere”, aquél que Napoleón Bonaparte admiraría y diría que como él “denme 3 y conquistaré el mundo.” Quien comenzó la independencia de la Nueva España de la corona española al lado de Miguel Hidalgo, mismo héroe que lo inspiraría tras varias entrevistas y misivas, para que creara lo que hoy día conmemoramos con un bicentenario, ese importantísimo documento llamado Los Sentimientos de la Nación.

Y para hablar de Los Sentimientos de la Nación, querido amigo lector, requerimos más que hacer uso de nuestra agraciada y presumida razón, y es que, si un texto político es capaz de ponernos senti-mentales, es el referido, e incluso más allá de la razón y el sentimiento, resulta pertinente hacer uso de la fantasía para dimensionar la importancia de la vida del Generalísimo[2] José María Teclo Morelos Pérez y Pavón, humilde Siervo de la Nación,  y los sucesos que tuvieron que ocurrir para darle existencia a ese documento que escribió con su puño y letra presentándolo en voz del abogado Juan Nepomuceno Rosáinz[3], su secretario particular, ante el Congreso de Anáhuac un día 14 de septiembre del año 1813 en Chilpancingo, para entonces y nunca más, la Nueva España.

La importancia de este documento que consta de 23 artículos, los primeros 22 escritos por Morelos y el vigésimo tercero escrito por el “El Supremo Congreso Gubernativo de la América Septentrional” tal y como él mismo lo nombró –para efecto de creación de leyes-, es inexorable pues fue el primero en fijar una constitución que normaría la vida de una nueva Nación[4]: la América mexicana, “…libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía…”[5]

Siendo tal su importancia, echemos pues a andar la fantasía y vislumbremos lo que hubiese sucedido en ciertos momentos clave de la vida de Morelos si la complejidad de hechos que tuvieron que ocurrir para que se crearan los Sentimientos de la Nación hubiese sido distinta y, a manera de efecto mariposa, en donde al cambiar un factor por mínimo que parezca, se altera el producto y, en nuestro caso, toda una realidad social en donde las cosas hubieran tenido un devenir totalmente distinto, inesperado y terrible.

Tan sólo pensemos en aquél joven José María, hijo de carpintero[6] -al igual que aquél otro mártir con el que seguramente se habría identificado pues él era un joven religioso-, que ni escribir sabía, oriundo de Valladolid, hoy Morelia, lo que él mismo definiría para entonces como un jardín; quien tuvo que trabajar de arriero porque jamás consiguió que le hicieran válidas las tierras de su abuelo fallecido y quien se tuvo que hacer sacerdote pues era la condición que dejó por escrito el abuelo para que lograsen adquirir la herencia y, además, en aquella época, vestir sotana y crucifijo era de lo más cool y significado de estar in, señala Alonso Hurtado (2003), pero así se forjó un espíritu  grandioso a medida que el pueblo le confesaba sus pecados y éste iba reconociendo los sentimientos de su nación.  (Distopía 1): Obtuvo las tierras de su abuelo, su estatus económico se elevó y llegó a ser un hacendado egoísta, opulento y de alcurnia que poco lo importó la independencia.

Él era un joven pueblerino, alegre, incluso sarcástico, que gustaba de la muchachada y estaba presente en todas las fiestas parroquiales en donde se tomaba charanda que es la bebida alcohólica  típica de Michoacán, equivalente al mezcal pero extraída de la caña. (Distopía 2): Cayó en el vicio de la bebida y se convirtió en el borrachito del pueblo. Solía pelear con los extranjeros y deliraba diciendo que él independizaría a la Nueva España; al final murió de una congestión alcohólica.

Entra a estudiar al Colegio de San Nicolás Obispo a los 25 años de edad entre 1790 y 1795, periodo donde paralelamente el mismísimo cura Miguel Hidalgo y Costilla ejerció como rector antes de ser despedido por aceptar la instrucción jesuita y no la franciscana, que era la aceptada. José María destacó y recibió honores por sus elevados conocimientos y profundos valores.

Siendo él el mayor del aula, pues la mayoría de sus compañeros rondaban entre los quince años, y aunque posiblemente fuera el “abuelo” o “ruco” de la clase, esta situación le favorecía pues para entonces él ya era un joven templado, autodidacta y podía discernir mejor los contenidos a diferencia de sus inquietos compañeros. (Distopía 3): Morelos entró a la escuela en la edad regular y su conducta fue indisciplinada por lo cual tardó años en educarse, no fue reconocido y no tuvo a Hidalgo como rector y por tanto su motivación no fue la misma en la lucha de independencia pues la figura de Hidalgo poco representó para él.

Humberto Aguilar Cortés[7] (2013) intuye que el joven José María, interesado por el conocimiento, comienza a leer autores como “Charles Fourier y G. Lefranc, que vienen a ser las referencias de Proudhon, toda vez que de los primeros pensadores franceses sus libros se encontraban en 1789 en la biblioteca del Colegio de San Nicolás…”. Curiosamente, autores clave para el estudio de la filosofía libertaria y la ideología anarquista.

Concordante con la filosofía libertaria, encontramos previos a los Sentimientos de la Nación, incluso en la misma libreta donde los escribió, un escrito que databa de un par de meses antes que se llamaría “Medidas Políticas que deben tomar los jefes de los ejércitos americanos para lograr sus fines y evitar la efusión de sangre de ambas partes”, documento que sería enfrentado contra los “Elementos Constitucionales o puntos de nuestra Constitución” de Ignacio López Rayón[8] creado en 1812, documento previo a los Sentimientos de la Nación, que sería producto de la “meditación profunda, de la quietud y de la paz” y pretendería “fijar la felicidad” de la nación y “manifestar a los sabios cuáles han sido los sentimientos y deseos de nuestro pueblo”, pero no como una legislación, sino como un preludio de una constitución.

Morelos, al recibir en su correspondencia los Elementos Constitucionales y a pesar de que eran similares a los Sentimientos de la Nación, los desaprobó y principalmente lo hizo tachando el nombre de Fernando VII como en quien dimanaría el poder y haciéndole observaciones en los artículos 5, 14, 17, 19, 20, 37 y 38. Para Morelos el poder tendría que dimanar inmediatamente del pueblo[9].  (Distopía 4): Rayón con su megalomanía y afán de convertirse en héroe, no le envió la correspondencia a Morelos y armó, un año antes, su propio Congreso presentando los Elementos Constitucionales como una verdadera constitución.  Así retrasó la independencia pues Fernando VII siguió en el poder legítimanente, ya bajo ley de la nueva nación y a Napoleón Vonaparte le hubise sido fácil adueñarse de  la Nueva España pues tenía capturado a Fernándo VII y el pueblo seguiría con el paradigma de que de los extranjeros tiene que dimanar el poder.

Humberto Aguilar Cortés (2013), en su análisis del sentimiento doceavo, publicado en el libro conmemorativo de los Sentimientos de la Nación por la Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán, hace un rico contraste de ese documento escrito por Morelos llamado “Medidas Políticas que deben tomar los jefes de los ejércitos americanos para lograr sus fines y evitar la efusión de sangre de ambas partes” y lo pondera citando ideas primeramente de los Sentimientos de la Nación y en seguida del de Medidas Políticas…, resultando impresionante la diferencia en la forma de expresión de Morelos que rebasa el puro discurso y atenta de una manera radical contra la vida social:

Una cosa es decir que la ley es superior a todo hombre, y otra muy diferente es sostener que la nación tiene enemigos y que éstos son los ricos, los nobles, los empleados, los criollos y los gachupines; y también es muy diferente señalar que se moderen la riqueza y se disminuya la pobreza, respecto de “destruir las haciendas de metales, sin dejar rastro”; una cosa es que el pobre reciba un jornal, para mejorar sus costumbres, alejarse de la ignorancia, la rapiña y el hurto y otra muy distinta que los pobres estén autorizados a considerar enemigos a los ricos, nobles y empleados, para despojarlos de todo su dinero y de los bienes raíces o muebles que tengan; y una cosa es “destruir lo antiguo… para reedificar” lo nuevo y otra muy distinta es que una Buena Ley debe salir de un Congreso que está compuesto por personas que provienen de diversos estratos sociales. (P. 156)

Notamos pues a un Morelos más como guerrillero y anarquista que como estadista y constitucional. ¿Qué pasó con Morelos? Conjeturamos dos posibilidades; la primera es que era lo que se requería para la situación: la guerra y el desconocimiento del gobierno virreinal, o bien, que como ese era un documento previo a la legislación y únicamente para jefes militares, por obvias razones sería más bélico que pacifista pues para construir una nación, como bien lo sabían los españoles, primero había que destruir la anterior.

Ya en los Sentimientos de la Nación, Morelos muestra templanza, moderación y reluce una estirpe más de liberal que de libertario, incluso ya Morelos instituye la propiedad privada como ley y su pena a los infractores que no respeten ese “asilo sagrado”[10]. De hecho, Ma. Guadalupe Calderón Corona (2013) en su análisis sobre el sentimiento vigésimo primero en el libro anteriormente citado, muestra que para que Morelos hiciera la separación de los tres poderes de Estado: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, habría retomando a Montesquieu y sobre el concepto de “Soberanía” habría retomando a J. J. Rousseau[11], autores que claramente fueron librepensadores.

Así como también Ma. Cristina Torres Pacheco[12] nos dice que estuvo influenciado por las ideas de John Locke y de Blackstone, filósofos ingleses que ya antes habían promovido la separación de los tres poderes, al igual que, por su parte, estaba informado de las constituciones de Virginia, E. U. (1776) y de Francia (1791) que le apostaban a este mismo sistema de gobierno. (Distopía 5): Morelos se quedó en su etapa de anarquista y militar y en su arrebato bélico muere sin antes pasar a su etapa constitucionalista y crear los Sentimientos de la Nación.

Para concluir, podemos decir que estas 5 fatales realidades fueron posibles en la vida del Siervo de la Nación y el futuro de México, pero a pesar de los avatares de su vida y las vicisitudes de la historia, Morelos fue un hombre excepcional que con gran visión pudo luchar estratégicamente desde lo militar hasta lo legislativo, acorralando así a los españoles y dejándoles sólo una puerta abierta: la de salida.

Al respecto de la inmutabilidad y necesaria razón de ser de los hechos que ocurrieron y las ideologías que demarcaron la ruta para la conformación de esta nación a través de ese valioso documento, Rodrigo Guerra (2012) señala que:
La historia es una realidad; la consistencia ontológica del pasado histórico es peculiar, contingentes que sucedieron en un cierto momento de lo que fue adquieren inmodificabilidad, nos muestra que todo lo que hacemos en el fondo adquiere un significado en el reino de lo necesario y absoluto; lo que fue puede identificarse sin más con nada. (P. 167).

Siendo cierto esto, fue necesario que Morelos fuera sacerdote pues poseía un poderío enorme ante el pueblo como una figura paternal, figura que como sabemos constituye la base de la cultura occidental y las dinámicas familiares, si no ahora, al menos sí para ese tiempo;  y a su vez, padre (en términos religiosos) como aquél que está conectado directamente con la palabra de Dios, y si aquél que hablara con Dios demandaba la guerra, así se haría.

Por otro lado, el hecho de Hidalgo emprendiera la lucha con un estandarte de la Virgen de Guadalupe y luego Morelos escribiera por ley constitucional que se celebrara el 12 de diciembre como el día oficial de la “patrona de nuestra libertad, Martía Santísima de Guadalupe”[13], da a pensar que ya para entonces intuían lo que para 1895 Gustav Le Bon llamaría “la psicología de las masas”, en donde toda masa, para su movilidad requiere de imágenes que sirvan como símbolos de afectividad y de líderes que guíen…

Todo esto fue un requisito necesario para que se diera la lucha, así como la influencia teórica de Morelos, posiblemente libertaria y posteriormente liberal, que aunque parezcan contradecirse, supo hacerlas suyas y utilizarlas estratégicamente para cada preciso momento; y así también, la ayuda de sociedades secretas de gente inmiscuida en todos los ámbitos de la vida social como los Guadalupes con quienes tenía correspondencia y le enviaban conocimientos teóricos e ilustrativos de lo que sucedía en la ciudad de México para su táctica.

Morelos, través de los Sentimientos de la Nación, instituyó la virtud, las artes, el conocimiento y derrocó el esclavismo, el racismo, la ignorancia, el hurto, la tortura e instituyó la rotación de bocales elegidos para regir la nación.[14]; todo esto lo podemos encontrar en esos 23 artículos de los Sentimientos de la Nación. ¿Nos suena raro, verdad? Pues así fue, desde esa época Morelos sabía lo que se necesitaba para construir una nación prodigiosa. Lamentablemente y a pesar de toda su lucha nuestro presente resulta distópico también puesto que no hemos cumplido con algunas de las más importantes máximas de su legado.

Convoco así, a que en este bicentenario de los Sentimientos de la Nación, retomemos estas leyes y las contextualicemos para reconstruir en el presente una Nación virtuosa, como lo deseó y lo fue el gran Morelos, pero desde luego contextualizándolas y adecuándolas al presente, en donde por ejemplo, los artículos que refieren a la religión católica sean eludidos pues fueron necesarios para su momento pero para nuestro presente y desde 1917 tenemos en claro que el culto religioso debe ser una actividad libre e independiente del Estado.
¡Por un México libre e independiente, sintamos la Nación mexicana!


  
Referencias:
GUERRA, R. (2012) Los Sentimientos de la Nació y la Hipótesis Cristiana. Independencia e Ilgesia: CEM, Impresora Varel: México.

HURTADO, A. (2003) J. María Morelos. Grandes Mexicanos Ilustres: Dastin, S. L.: España: Madrid.

LÓPEZ, F. (2002) Los Sentimientos de la Nación y su Esencia: La Voz de Michoacán: México: Michoacán.

REYES, S. (2000) Sentimientos de la Nación. José María Morelos: Ediciones Michoacanas: México: Michoacán.

REYNA, J., LÓPEZ, Ma., ARROYO, S., HERRERA, J., TINOCO, V., PÉREZ, H., TORRES Ma., BRIBIESCA, G., RAMOS, F., MENDOZA, J., CALDERÓN, F., AGUILAR, H., GONZÁLEZ, A., OSEGUERA, D., CHÁVEZ, H, DE DIENHEIM, C., MORALES, Ma., COLOR, R., ARÉVALO D., MAGAÑA, J., CALDERÓN, Ma., ESTRADA, J. y AGUILAR, M. (2013) Sentimientos de la Nación. Edición Conmemorativa del Bicentenario: Editorial Morevalladolid: México: Michoacán.

Secretaría de Educación Pública (1997) Historia de México. Sexto Grado: Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos: México. D. F.

TREVIÑO, J. H., VÉLAZQUEZ, R., TREVIÑO, M. H., SOLÍS, A. (2008) Historia de México. Secundaria: Ediciones Castillo: México: D. F.

ZÁRATE, J. (1974) México a través de los Siglos: Editorial del Valle de México S. A.: México: D. F.




Notas:





[1] Dra. en Derecho y profesora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
[2] Título que le es asignado por el Congreso de Anahuac como mayor jefe del ejército de independencia pero él mismo lo rechaza pues no lo creyó digno de sus cualidades, sin embargo, el pueblo, el ejército y el mismo congreso rechazaron su denegación y por fin aceptó, bajo cuatro condiciones, pero también asumiéndose como Siervo de la Nación.
[3]  “Quien tenía una personalidad de entre militar, político y matón” dice Humberto Aguilar Cortés.
[4] Tanto Morelos como Hidalgo en sus escritos escriben “Nación” iniciando con mayúsculas y desde allí podemos notar el valor que le daban al proyecto de independencia y la constitución de un nuevo régimen.
[5] Fragmento del 1° artículo de los Sentimientos de la Nación.
[6] Quien lo abandonó dejándole con su madre y un hermano para luego volver a los 10 años sólo a embarazar de nuevo a la madre de José María e irse de nuevo, dejando así a una niña en el porvenir.
[7] Lic. en Derecho por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UMSNH y catedrático de la misma. Idea que apunta en su análisis sobre el artículo 12° de los Sentimientos de la Nación en el libro conmemorativo publicado en 2013 por la Secretaría de Cultura de Michoacán.
[8] Quien pretendía ser el siguiente líder de  independencia después de Hidalgo, por ser su más allegado pero Morelos se le adelantó en esa tarea pues tras un fugaz encuentro con Hidalgo quien le encomendó “levantar el sur” ganó batallas y el reconocimiento de la gente y se posicionó como el máximo líder en su momento.
[9]  Idea del artículo 5° de los Sentimientos de la Nación.
[10] Artículo °17 de los Sentimientos de la Nación
[11] En el artículo 5° de los Sentimientos de la Nación aparece la división de los tres poderes y el concepto de soberanía, el cual dimanaría del pueblo.
[12]  Licenciada en Derecho y magistrada del Supremo Tribunal de Justicia de Michoacán.
[13] Artículo °19 de los Sentimientos de la Nación.
[14] Ideas plasmadas en los artículos °10, °12, °18 y °7 de los Sentimientos de la Nación.



Acerca del autor: 

Psicólogo egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Diplomado en Historia de la Filosofía como Práctica Existencial. Diplomado en Psicoterapia de Niños y Adolescentes. Ha publicado en dos libros y diversas revistas. Presentación de ponencias en la UNAM(DF), UAQ(Qro.), CUC(Pto. Vallarta), facultad de artes, letras, filosofía y psicología (UMSNH) 1º Lugar en el concurso internacional de ensayo en honor al Ignacio Ramírez "El Nigromante". Lugar en el concurso estatal de ensayo del Congreso Bicentenario de los Sentimientos de la Nación. Reconocido por la Fundación México con Valores por ejercer los valores de Superación Constante y Disciplina en el ámbito profesional en favor de una sociedad más positiva y justa. Fundador y Director de Espacio Multidisciplinario para el Aprendizaje de las Humanidades [EMAH]; emprendimiento apoyado por la red mundial de emprendedores sociales Ashoka. Consejero Juvenil Ciudadano de Morelia en la Comisión de Emprendedores. Tallerista en el programa "De la Secu a mi Barrio" de la UMSNH. Artista urbano con 10 años de trayectoria y cuenta con un EP de música rap.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

ARCO IRIS EN LA NOCHE - Édgar Omar Avilés


ARCO IRIS EN LA NOCHE
Édgar Omar Avilés


—¡Extra, extra, Dios ha muerto, Dios ha muerto! —gritaba con voz ahogada el viejecillo alemán que había llegado a extinguir sus últimos años al asilo municipal. Para ganarse unos centavos, hizo trato con el dueño de un puesto de revistas para ofrecer en el asilo los periódicos que no se le vendieran por la mañana.
Mi amigo y yo detuvimos nuestros pasos para comprar un ejemplar. Tomamos un respiro hondo. Cuando saqué de la bolsa de mi pantalón un par de monedas, la foto de Marianela salió junto con ellas. Suspiré al recordar lo buena y lo bella que fue antes de que el cáncer la convirtiera en todo aquello que no debe ser la vida. Le di un beso y con mucho cuidado la volví a meter al saquito de franela que usaba por cartera.
Ya sentados en una desvencijada banca del jardín del asilo, acomodamos los bastones y me coloqué los lentes. Uno de los cristales se había estrellado días atrás, pero aún me era posible leer las letras grandes. Las palomas, siempre gordas como pollos, comían de los granos que algún otro les había aventado.
—Me da gusto, tenía siglos enfermo. Creo que por eso no había podido hacer nada por la humanidad desde hacía tanto —le dije a mi amigo con mucha seguridad. Como pueden suponer, en realidad el periódico no hablaba de eso. El alemán siempre inventaba titulares.
—Morir es bueno. Quizás en el Otro Mundo yo recupere la vista…
—Sí, es posible… —hice un silencio para tragar saliva—. En la nota dice que por eso últimamente los truenos de las tormentas se escuchaban cada vez más terribles. Eran los gritos de dolor del pobre de Dios.
Mi amigo ya no recordaba su nombre, ni si tuvo alguna vez algún familiar. Platicarle las noticias de ocho columnas inventadas por el alemán era mi forma de regalarle y regalarme un poco de magia entre tanta realidad.
Hacía meses que no llovía. Creo que se hablaba de una sequía planetaria producto de algunos abusos de la humanidad. Continuando con uno de los titulares inventados del alemán, en varias ocasiones aproveché para contarle de lluvias torrenciales y de truenos tremendos mientras estábamos resguardados en el bunker, protegiéndonos de los bombardeos. Afortunadamente para él, además de ciego, había perdido mucho de sus capacidades mentales. En realidad, la mitad de los viejos del asilo estaban ya bastante locos.
—Al final de la nota dice que ahora Dios es un fantasma. Que no puede hacer nada por el mundo real, pero ahora es todopoderoso en el mundo de los sueños —la luz del ocaso hechizaba con sombras gigantes todo el asilo.
Se quedó con la boca abierta, como imaginando algo hermoso. Luego sacó un par de paletas de azúcar quemada y me ofreció una. La acepté con mucho gusto. Mientras saboreábamos nuestras paletas, se deslizó un silencio como hojarasca, que aprovechamos para disfrutar los aleteos de lechuzas y los chillidos de ratas que el viento resoplaba. Miré el reloj. Ya era muy noche. Faltaba poco para que la enfermera, enojada, viniera por nosotros si no regresábamos por nuestra propia cuenta. Estaba por indicarle que ya nos retiráramos, cuando señaló algo:
—Mira, mira… —dijo. Yo seguí su dedo hasta dar con un arco iris que nacía bajo una Luna casi llena. Los viejecitos salían de todas partes para bañarse con aquella luz, brincando con fuerzas nuevas, con pieles planchadas y pantaloncillos cortos.
—¿Pero qué demonios sucede…? —pregunté en un balbuceo.
—Quizás, Édgar querido, llegaste al estado de locura de los otros viejos del asilo —me dijo Marianela que ahora estaba a mi lado. Sin comprender su presencia ni nada de lo que estaba pasando, la abracé sollozando, sintiendo entre miedo y alegría.
Tras un par de minutos, casi por instinto regresé la mirada al periódico. Me acomodé los lentes y me dispuse a leer aunque las letras no fueran muy grandes, pues en los verdaderos titulares informaban que un avión había lanzado bombas y metralla en un asilo. Pero ella me pidió con la mirada que no lo hiciera.
—Tienes razón: no vale la pena saber si ese asilo es o no es éste… —dije apretándole la mano.
—O quizás ahora estás dormido o eso que has llamado vida era el sueño de otra cosa, y entonces el fantasma de Dios… —me respondió sonriendo. Completó la frase con sus ojos iluminados de Luna.

—¿Sabes?, no hay nada más hermoso que un arco iris en la noche —susurré mientras me abrazaba con ternura.



Acerca del autor:

Édgar Omar Avilés (Morelia, Michoacán, 1980) es autor de los libros de cuentos No respiramos: Inflamos Fantasmas (Posdata Editores/INBA, 2014), Cabalgata en Duermevela (Tierra Adentro, 2011. Premio Nacional de Cuento Joven Comala); Luna Cinema (Tierra Adentro, 2010. Premio Nacional de Cuento de Bellas Artes San Luís Potosí); Embrujadero (Secum, 2010. Premio Michoacán de Libro de Cuento Xavier Vargas Pardo); La Noche es Luz de un Sol Negro (Ficticia, 2007. Mención  honorífica en el Premio Nacional de Libro de Cuento Agustín Yáñez). De la novela Guiichi (Progreso, 2008). y del libro de ensayo La VALÍStica de la realidad (Secum, 2012; Premio Michoacán de Ensayo María Zambrano). Es antologador de Antes de que las letras se conviertan en arañas (IMC, 2006) y Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Es licenciado en comunicación por la UAM y maestro en Filosofía de la Cultura por la UMSNH.



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